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El Arquitecto del Primer Sol: Memoria de Guzmán Darío

 


El 1° de enero, mientras el mundo bosteza entre los restos del estruendo de la polvora  y la champaña de fin de año, en San Antoniodel Táchira el sol siempre emerge con una intención distinta. No es solo el despertar de un almanaque; es el aniversario de una estructura moral, de una columna que sostuvo más que un techo. Era el alba de 1939 y, con ella, el nacimiento de mi padre: Guzmán Darío Jáuregui Alviarez.


Nacido bajo el amparo de un domingo —día solar por excelencia—, Guzmán llegó como el quinto hijo de una estirpe bendecida de 10 hermanos de la unión de Don Trino y Florinda. Traía consigo esa vitalidad de los nacidos bajo el astro rey: un espíritu que no solo brilla, sino que entibia; una creatividad que no buscaba el aplauso, sino el bienestar de los suyos.

1. El Altar de Leña y la Palabra Sagrada

Para Guzmán Darío, cumplir años no era un ejercicio de vanidad, sino una liturgia de congregación. Primero en la casa de los abuelos, y luego bajo el cielo cómplice de su hogar en la Unidad Vecinal en San Cristóbal, el humo del sancocho se elevaba como un incienso de gratitud hacia el azul tachirense.


Aquel hervor no era simple alimento; era un ritual de abundancia en tiempos donde la palabra era un contrato inquebrantable y el sudor del trabajo, la única moneda de honor. Había en él la estampa de los hombres de cedro y piedra: manos curtidas por el deber y una mirada que dictaba respeto sin levantar la voz. Su figura evocaba esa responsabilidad silenciosa, la que se traducía el día de su cumpleaños en el plato siempre lleno y en el umbral de una puerta que jamás conoció un cerrojo.

2. La Elegancia de las Manos Vacías

Curioso destino el de nacer cuando el año apenas estrena sus horas. Los bolsillos de los amigos y familiares llegaban siempre exhaustos, "limpios" tras el fragor decembrino. Los envoltorios de regalos escaseaban, se volvian seres miticos como los unicornios, Sin embargo, en el patio de la casa de los Jáuregui el regalo era otro: la presencia.

A su mesa no se iba a recibir objetos, se iba a celebrar la integridad. Entre cincuenta y setenta almas se fundían en un solo abrazo, guiadas no por una invitación, sino por el aroma magnético de la leña y la lealtad. Allí, entre el vaho de la olla y el bullicio del equipo de sonido, Guzmán Darío repartía la seguridad que solo un hombre-feliz puede ofrecer. Era el puerto seguro donde todos, sin importar la escasez, se sentían millonarios.

3. El Eco de un Pasodoble Eterno

Este 2026, el calendario vuelve a señalar ese primer día de enero con una nostalgia dorada. Guzmán Darío ha mudado su residencia al plano espiritual, pero su ausencia es solo un velo fino. Sus hoy 87 años habitan en el eco de sus consejos y en la rectitud de los hijos, nietos y bisnietos que caminan con su apellido como bandera.

Ya no están sus manos para custodiar el fuego de leña de la olla grande, pero queda el sabor de una vida bien labrada. San Antonio y la Unidad Vecinal guardan el rastro de aquel hombre que nació con el año para enseñarnos que el respeto se cultiva con el ejemplo y que la familia es ese sancocho eterno donde siempre, siempre, hay un lugar para nosotros.

Papá y mamá en el cumpleaños del 01 de enero 

Papá, feliz cumpleaños hasta esa orilla del cielo donde hoy suena tu melodía. Sé que estás ahí, entre aromas de incienso, rescatando aquel pasodoble que bailas con la distinción de los grandes. Verte así, con esa estampa impecable que el tiempo no borra, es la prueba de que tu paso por el mundo no terminó, porque quien vive con tu elegancia, se queda para siempre habitando nuestra luz y paz eterna.

Y para nuestros lectores, un feliz año 2026. Muchas bendiciones, Salud, paz y armonia familiar.   

La primera verdad de un filoclyoso o amante de la historia es: conocer sus antepasados...!!!

Ing. Robny Jauregui


Comentarios

  1. José Trinidad Jauregui Cocuy:
    Eso es correcto.
    La olla y el humo.
    Dónde llegaba más de uno con los bolsillos limpios, quebrados y cansados.
    Pero más de uno íbamos (me incluyo) por el compartir y la unión familiar a pasar un momento grato, a sentarnos y a reírnos de cualquier cosa.
    Hoy solo queda el recuerdo que no se borrará del alma.

    ResponderEliminar
  2. Es hermoso Robny guardar tanto amor, respeto, honor, como solo los grandes saben atesorar por lo realmente valioso en el aprendizaje del camino. Aplaudo tu escencia.. Una vez escribí un Poema a mi amado Padre Carlos Ramón López Gil (*1925 +2013), que está publicado en mi Poemario ANTES DE SER (1992).
    "A Ese Hombre Inmenso"
    Quiero hacer un canto
    En nombre de la vida,
    En nombre del Ser
    A quien mas añoro
    A quien con sus manos
    Me brindo un tesoro.
    Quiero hacer un cielo por su abnegación
    Por la gran bondad
    De su Corazón
    Quiero hacer eterna
    Está admiracional ser Bendito
    A quien mas adoro
    Y quién con su manto
    Me cubrió del oro
    Más significante
    De la humanidad
    Ese Hombre Inmenso
    Que en mi alma está
    Creciendo en el manto
    De mi soledad,
    Solo tiene un Nombre:
    CARLOS, mi Papá.

    Con cariño para ti.
    Bilma 0101202611:23

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estimada profesora Bilma,

      Muchísimas gracias por sus palabras tan generosas y por el honor de compartir este poema de su autoría. Leer 'A Ese Hombre Inmenso' me ha emocionado profundamente; es un testimonio vivo de ese amor y gratitud que trascienden el tiempo.

      Precisamente para eso nació EL FILOCLYOSO: para ser un refugio de esa 'historia menuda' y desconocida, pero inmensamente poderosa, que es la historia familiar. El relato de tu padre, don Carlos Ramón López Gil, ahora forma parte de este tejido de memorias que intentamos rescatar.

      Gracias por confiarnos este pedazo de su alma y de su historia. Su esencia y su poesía enriquecen este espacio.

      Con admiración y cariño,

      Robny.

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