El 1° de enero, mientras el mundo bosteza entre los restos del estruendo de la polvora y la champaña de fin de año, en San Antoniodel Táchira el sol siempre emerge con una intención distinta. No es solo el despertar de un almanaque; es el aniversario de una estructura moral, de una columna que sostuvo más que un techo. Era el alba de 1939 y, con ella, el nacimiento de mi padre: Guzmán Darío Jáuregui Alviarez. Nacido bajo el amparo de un domingo —día solar por excelencia—, Guzmán llegó como el quinto hijo de una estirpe bendecida de 10 hermanos de la unión de Don Trino y Florinda . Traía consigo esa vitalidad de los nacidos bajo el astro rey: un espíritu que no solo brilla, sino que entibia; una creatividad que no buscaba el aplauso, sino el bienestar de los suyos. 1. El Altar de Leña y la Palabra Sagrada Para Guzmán Darío, cumplir años no era un ejercicio de vanidad, sino una liturgia de congregación. Primero en la casa de los abuelos, y luego bajo el cielo cómplic...
Una taza decafé , más que bebida, se torna en ritual. No es el grano oscuro ni su molienda precisa lo que define su esencia, sino el momento compartido , el lazo tejido entre almas que convergen en un sorbo. El aroma nos seduce, nos envuelve como un susurro que invita al diálogo. Es el puente invisible que lleva las palabras desde el corazón hasta la mente, y allí las convierte en ideas que encuentran armonía . En ese vaivén de notas tostadas y dulces, los pensamientos se alinean, y el mundo parece girar con más claridad. La tibieza del café sirve como tregua. Es la pausa serena en la vorágine cotidiana, donde las manos que sostienen la taza también sostienen la oportunidad de entenderse. Ese calor nos acompaña, nos abre caminos a la empatía, a la comunión en los puntos de vista. El color oscuro, profundo y terroso, nos conecta con los valores. En esa gama de tonos que cuentan historias de tierras lejanas y trabajadas con amor , aprendemos que cada taza tiene un eco de huma...