Bajo ese azul
tachirense, ese que solo nos regala enero, la Monumental "Hugo Domingo
Molina" se vistió de novia para despedir la feria en su edición 61. No
cabía un alma más; era un hervidero de sombreros, claveles y ese aroma a café y
a gloria que solo tiene nuestro coso.
No hubo
envidias, solo entrega. Tres hombres que se jugaron la vida para recordarnos
por qué somos la capital taurina de América:
¡Nuestro
muchacho! El dueño de las llaves de esta casa. Colombo no solo toreó, dictó una
cátedra de poderío que alcanzó lo sublime en el sexto. Fue allí, con el temple
en la mano y la gloria en el horizonte, cuando Jesús detuvo el tiempo.
Con un gesto de mando, señalando con el índice el albero sagrado de la Monumental, pidió que callara el pasodoble español porque el alma le pedía ¡música de aquí! Y entonces, el aire se llenó de nostalgia y orgullo cuando estallaron las notas del "Alma Llanera".
Fue una escena de película: los pases de muleta
se fueron hilvanando, uno a uno, al compás de nuestro segundo himno. Parecía
que el toro y el torero danzaban un joropo de vida y muerte, una comunión
perfecta entre la casta de la fiera y el sentimiento nacional. Como si fuera
una retreta eterna dirigida por el mismo maestro Pedro Elías Gutiérrez, la
faena fluyó en un crescendo emocional que nos puso las lágrimas en los ojos. Y
como si el destino fuera un poeta, el último compás de la melodía cerró justo
cuando "Guerrero", indultado y soberbio, cruzaba el umbral de los
toriles. ¡Poesía pura grabada en la arena!
¡Qué magisterio, por Dios! El granadino es como el buen vino de los Andes: el tiempo no le quita la chispa, se la pule. Con las banderillas fue un relámpago y con la muleta un artesano. Tres orejas se llevó al esportón, dejando claro que en San Cristóbal se le quiere como a un hijo.
Verdad y temple.
El sevillano trajo la brisa del Guadalquivir a las riberas del Torbes. Dos
orejas de ley en su primero, toreando con el pecho por delante y el alma
desnuda. ¡Puerta Grande para los tres!
"Guerrero":
El Toro que se Volvió Inmortal
La ganadería de San Antonio
nos mandó una estampa de bravura. Pero el nombre que quedará grabado en los
portales de la historia es el de "Guerrero" (N° 60).
Apareció en el
sexto lugar, con la casta brotándole por los pitones. Fue un duelo de titanes
contra Colombo. Humillaba con clase, repetía con nobleza, pedía guerra y
recibía arte. El pueblo, en un solo grito, exigió la vida para el valiente. Y
así fue: "Guerrero" regresará al campo de Falcón para seguir
sembrando su bravura, mientras nosotros seguimos soñando con sus embestidas.
Una Tarde de
Brisa y Olés
El clima se puso
de gala. Unos frescos 22°C nos acariciaban mientras la "Niña" nos
daba tregua, dejando el ruedo firme para la danza de la muerte y la vida. La
Presidencia, sabia y atenta, supo escuchar el rugido de una afición que sabe de
toros como nadie, otorgando los trofeos que la justicia reclamaba.
El Balance de
la Apoteosis
Siete orejas
sangrantes y un indulto que nos devolvió la fe. Salieron los tres a hombros,
bañados por el cariño de un pueblo que no olvida sus raíces.
¡Qué viva la
FISS! ¡Qué viva San Cristóbal! Y que Dios nos guarde la salud para volver a
vernos el año que viene bajo este mismo sol.
Solo con la
historia narrada de un pueblo, se conseguirá la fama de sus pobladores.





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