Hay genealogías que parecen escritas con el pulso tembloroso de la historia venezolana. La nuestra es una de ellas: una trama donde los caminos de tierra andinos, los ideales de revolución, las tertulias caraqueñas y el estruendo de las guitarras eléctricas se entrelazan a lo largo de un siglo para demostrar cómo el coraje y la pasión se heredan en las venas.
I. Las Mieles
del Poder Andino y el Valor en la Pólvora
Todo comenzó en
las cumbres del Táchira. En 1899, cuando el general Cipriano Castro emprendió
la gesta de la Revolución Restauradora desde Capacho hasta la conquista del
poder en Caracas, a su lado marchaba un joven leal con el grado de comandante y
las delicadas funciones de Ayudante de Órdenes: Calixto Escalante.
Nacido en la
noble tierra de La Grita, hijo de Santiago Escalante Contreras y María de la
Cruz Roa, Calixto había dejado inconclusos sus estudios en el prestigioso
Colegio Sagrado Corazón de Jesús —dirigido por el sabio padre Jesús ManuelJáuregui Moreno— para trasladarse a Capacho. Fue en Capacho Viejo donde el amor
echó raíces al contraer matrimonio con nuestra pariente, Fidelia Bello Nieto.
Fidelia era
hermana de Jorge Antonio, Obdulio y Simón Bello Nieto, los dos últimos ilustres cuñados
de Castro. Aquel lazo familiar no era un simple papel: Jorge Antonio pasaría a
la inmortalidad militar en 1902 al resistir con temple de acero el vil
bombardeo de los acorazados alemanes e ingleses contra el Castillo de San
Carlos durante el Bloqueo Internacional. Ante de que la historia patria se
forjaba a fuego, el hogar de los Escalante Bello en Capacho vio nacer a sus
hijos: Calixto, José de Jesús y Alfredo, en los años 1893, 1895 y 1897.
Con el triunfo
de la causa tachirense, vinieron los honores. Calixto Escalante asumió
responsabilidades de peso: fue administrador de la Aduana de La Guaira y, para
1901, gobernador del Distrito Federal. Sin embargo, la lealtad se prueba en el
peligro. En marzo de 1902, en plena tormenta de la Revolución Libertadora,
Castro lo nombró Delegado Nacional en Sucre y Margarita. El destino lo esperaba
el 22 de abril en la sangrienta Batalla de las Piedras de Guanaguana.
Allí, tras un feroz combate contra las fuerzas del general Nicolás Rolando,
Calixto cayó gravemente herido y fue hecho prisionero junto al Dr. Pedro BritoGonzález y los generales Velasco Ybarra y Trifón Landaeta. Remitido a Caracas,
sobrevivió a las secuelas de la guerra bajo el abnegado cuidado de su fiel
esposa Fidelia y la constante mano amiga de la primera dama, doña Zoila de
Castro.
II. De la
Restauración a las Tertulias de la Cervecería Donzella
Con la paz
restaurada, la familia echó raíces definitivas en el valle caraqueño. El hijo
de aquella gesta capachera, José de Jesús Escalante Bello, unió su vida
a María Magdalena Donzella Aguiar. De esa unión nacieron en la histórica
parroquia Altagracia los herederos de una nueva época: Olga Henriqueta (1930),
Santos Calixto (1933) y Darío Alfredo (1942).
María Magdalena traía consigo el alma bohemia y distinguida de la capital. Era hija de JuanJosé Donzella Zanella, fundador de la legendaria Cervecería Donzella, el epicentro nocturno e intelectual de la Caracas de los años treinta. En sus mesas se servía más que espuma: allí conspiraban con la palabra ilustres venezolanos como José Rafael Pocaterra, Enrique Bernardo Núñez, Rafael Guinand e incluso un joven Raúl Leoni.
Fue tal la huella del local en el imaginario
colectivo que el propio Billo Frómeta, inmortalizando la nostalgia caraqueña en
su canción Sueño Caraqueño, dejó para la posteridad aquella frase
cargada de añoranza: “...se acabó la media lisa de Donzella”.
III. Alfredo
Escalante: El "Sexto Arcángel" que Sacudió al Mundo
En ese caldo de
cultivo entre la bravura andina y la bohemia capitalina, nació el 25 de octubre
de 1942, en la parroquia La Pastora, Darío Alfredo Escalante Donzella.
Si su abuelo conquistó el poder a caballo y su padre disfrutó la elegancia de
la ciudad que despertaba, a Alfredo le correspondió liderar una revolución muy
diferente: la de la música y la juventud.
Convertido en un
pionero absoluto, Alfredo arrancó como DJ en las discotecas más icónicas de la
Caracas convulsa y moderna de los años sesenta, como Eva —del empresario
Jacques Del Sol en Chacaíto—, L'Insolite en El Rosal, La Jungla
en La Castellana y Silver Ball. Pero su verdadera vocación fue dar voz a
los que no la tenían.
Desde finales de
los 60 y con fuerza arrolladora en los 80, Alfredo Escalante se convirtió en el
arquitecto y Padrino del Rock Nacional. Apostó a contracorriente por bandas
legendarias que hoy son patrimonio sentimental del país: LSD, Memphis,
Bacro, Way, La Misma Gente, Témpano, Resistencia, Aditus, Fahrenheit y Arkángel
—cuyos integrantes lo bautizaron con afecto como "el sexto
Arcángel"—.
A través de las
pantallas de TVN-5 y VTV-8, y de manera ininterrumpida desde 1988 por los
micrófonos de la recordada emisora 92.9 FM —donde conducía junto a su esposa
Fabiani García su icónico programa La Música que Sacudió y Sacude al Mundo—,
Alfredo educó el oído de generaciones. Mantuvo viva la chispa de la rebeldía
pacífica hasta el año 2004, cuando plasmó su andar en el libro 40 años
haciendo daño, bautizado en el Festival de Nuevas Bandas de 2006.
IV. La Trama
Invisible del Sangre: Nuestro Vínculo Familiar
Al revisar los
papeles de la familia, resulta conmovedor comprobar cómo las ramas del árbol
genealógico se entrelazan con una precisión poética:
- Don Cayetano Bello (abuelo de Fidelia Bello
Nieto) y doña María del Carmen Bello (madre de Trifonia Bello) eran
hermanos.
- Por ende, Trifonia Bello (casada con Ramón
Contreras Ramírez), bisabuela de mi padre, era prima hermana del padre de
Fidelia Bello Nieto.
- Esto convierte a Fidelia Bello Nieto en
prima en segundo grado de mi bisabuelo Félix Contreras Bello.
- Siguiendo el hilo de la sangre, José de Jesús
Escalante Bello fue primo en tercer grado de nuestra abuela paterna, Florinda
Alviarez (hija de Félix Contreras Bello y Sebastiana Alviarez).
- Y finalmente, el gran locutor Alfredo Escalante
Donzella era primo en cuarto grado de mi padre, Guzmán Darío
Jáuregui Alviarez.
Epílogo: El
Hilo Invisible de un Siglo
Al repasar esta
historia familiar, se comprende el arco perfecto del destino. Desde el frío de
las cumbres capacheras, el general Calixto Escalante bajó a Caracas en 1899
blandiendo un ideal de cambio; años más tarde, su hijo José de Jesús saboreó la
elegancia y la cordialidad de las noches caraqueñas en la Cervecería Donzella;
y finalmente, su nieto Alfredo transformó esa misma herencia de pasión en
decibelios, poesía y libertad desde una cabina de radio.
Hoy, al recordar
el viaje de nuestros antepasados, resonará por siempre en la memoria el saludo
inmortal con el que Alfredo despedía cada una de sus transmisiones, un verso
que bien podría aplicarse a toda nuestra estirpe:
"Que las
estrellas te cojan de la mano y te conduzcan hacia un nuevo amanecer".
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