El año es 1499.
Cristóbal Colón ha caído en desgracia, lo que significa que los Reyes Católicos
finalmente han decidido abrir el negocio de las Indias a cualquiera que tenga
suficiente audacia y suficiente desesperación. Así nacen los "viajes andaluces". En la primera línea de salida se encuentra Alonso de Ojeda, un
hombre cuya valentía solo era superada por su asombrosa capacidad para tomar
decisiones desastrosas. Acompañado de otros dos tripulantes: Juan de la Cosa y
Americo Vespucio.
Aquella
expedición, destinada a recorrer las costas de la actual Venezuela y Colombia,
que avistó tierras Paraguaneras por vez primera y bautizo al cabo de San Román
en honor a su onomástico el 9 de agosto. Nos dejó tres grandes verdades que la
historia oficial suele maquillar con demasiada épica.
1. Alonso de
Ojeda: El arte de ser un héroe y un pésimo administrador
Ojeda era el prototipo de conquistador: un espadachín brillante, un capitán que se metía en la boca del lobo y salía vivo por puro milagro. Pero poner a Ojeda a gobernar un territorio era como darle un reloj de cristal a un gorila. Su audacia rozaba la estupidez. Años más tarde, obsesionado con la riqueza, insistió en fundar colonias en la región del Darién. En lugar de comerciar, establecer alianzas o usar la cabeza, Ojeda prefirió hacer lo que mejor sabía hacer: atacar a los indígenas locales.
El resultado de su soberbia en el Darién fue una resistencia feroz, flechas envenenadas y el colapso absoluto de sus asentamientos. Una lección magistral de cómo un gran soldado puede ser el peor de los gobernantes.
2. Juan de la
Cosa: El precio de la mala compañía
A bordo de la expedición también iba Juan de la Cosa, un hombre que realmente sabía lo que hacía. Dueño de la nao la Santa maría en el primer viaje de Colon y piloto en tres de los 4 viajes colombinos. El mundo le debe a él el primer mapamundi donde aparece el contorno de América, una obra de arte y ciencia cartográfica. De la Cosa entendía de vientos, de estrellas y de costas. Sin embargo, su gran defecto no fue la falta de talento, sino la lealtad ciega.
Por seguir
acompañando al capitán Ojeda en sus descabelladas andanzas militares, como
nuevo gobernador del Darién —esas que se decidían a golpe de espada en lugar de
con mapas—, el gran cosmógrafo encontró en 1510 una muerte brutal bajo una lluvia de
flechas indígenas de la tribu de los Turbacos, a escasos 10 Kilómetros de la
actual Cartagena de indias. Una mente brillante apagada por los delirios de
grandeza de su capitán.
3. Américo
Vespucio: El burócrata que se quedó con el nombre del continente
Mientras Ojeda
tiraba tajos al aire y De la Cosa moría en el barro, en la misma flota navegaba
un italiano con ojos de lince: Américo Vespucio. Vespucio no buscaba gloria
militar; buscaba entender. Como observador científico, se dedicó a mirar,
anotar y escribir ensayos sobre este "Nuevo Mundo". Cuando vio que el
negocio español se estancaba en la improvisación, pidió permiso a los reyes y
se marchó con los portugueses a explorar las costas de Brasil.
Vespucio hizo algo revolucionario para la época: comparó. Analizó la estricta disciplina y las técnicas administrativas de las flotas portuguesas y las contrastó con el caos organizativo de los españoles. Con ese equipaje de conocimiento regresó a España para hacer lo que ningún conquistador analfabeto podía: fundar la estandarización científica del manejo marítimo en la recién creada Casa de laContratación. Organismo oficial de la Corona española creado en 1503 para regular y administrar el monopolio del comercio, la navegación y el flujo de pasajeros entre España y América. Su existencia duró 287 años, desde su fundación en 1503 hasta su abolición definitiva en 1790.
Vespucio ocupo el cargo real de primer Piloto Mayor de la historia, Vespucio convirtió el caos del Atlántico en una máquina eficiente:
* Creó el
sistema de certificación y adiestramiento obligatorio para pilotos.
* Centralizó y
actualizó los mapas oficiales (el Padrón Real).
* Calibró los
instrumentos de navegación para que los barcos no se perdieran por fe en lugar
de por cálculo.
* Diseñó la
logística y administración de las flotas hacia las Indias.
Al final, la historia tiene un sentido del humor bastante retorcido. Ojeda y De la Cosa pusieron la sangre, las espadas y las muertes en el Darién. Pero fue Vespucio, el italiano nacionalizado oportunamente español, el que prefirió los libros de contabilidad, la observación científica y la burocracia eficiente, quien terminó dándole su nombre a todo un país: Venezuela y a todo un continente: América.
Solo con la
historia narrada de un pueblo, se conseguirá la fama de sus pobladores.
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